LA IMPORTANCIA DE LA ACTITUD PARA AMINORAR LAS CONSECUENCIAS EMOCIONALES DEL  COVID-19

Vivimos días complicados en los que, seguramente, hemos podido experimentar lo complicado que resulta gestionar adecuadamente los cambios trascendentales que surgen con la pandemia del COD-19. Sin embargo, es imprescindible que más pronto que tarde comencemos a controlar nuestras emociones para salir lo más reconfortados posibles de esta vivencia.

El miedo, la ansiedad o el temor,  son emociones naturales de defensa que las personas sentimos ante situaciones de amenaza potencialmente peligrosas. La gran cantidad de información, a veces contradictoria y no siempre de fuentes fiables, contribuyen al aumento de estas tensiones emocionales, de ahí la importancia primordial del buen uso de la información en cuanto a calidad y en cuanto a cantidad.

Goleman, experto en control emocional de reconocido prestigio, señala que la inteligencia emocional es aquella habilidad personal para percibir, asimilar, comprender y regular la emoción propia ante un estímulo. Esto necesita de mucho autoconocimiento, es imprescindible conocerse bien para poder ponerle nombre a cada emoción que sentimos y poder distinguir cuáles son las emociones que más nos afectan y qué impulsores provocan estas emociones.

“Gestionar el miedo individual
es clave para minimizar la alarma social”

Estos días es normal que nos sintamos preocupados e incluso con un cierto grado de temor ante esta situación desconocida para todos que nos ha roto la rutina y nos mantiene en cierto estado de alerta. Si gestionamos bien este temor, será un aliado que nos permitirá estar atentos y actuar con eficacia. Sin embargo, si nos dejamos arrastrar por él, no nos va a ayudar a prevenir la enfermedad y además puede afectarnos en otras áreas de nuestra vida y de las personas de nuestro entorno más cercano.

El miedo es una respuesta adaptativa que nos ha servido a lo largo de toda nuestra evolución, pero cuando alcanza niveles excesivos puede llegar a bloquearnos e impedirnos gestionar las amenazas con eficacia pasando de ser una ayuda a ser un impedimento o incluso generarnos un problema psicológico. Y ojo, el miedo no es un virus pero también se contagia.

Es importante por tanto tomar distancia de la situación, informarnos sin excedernos, lo necesario y de fuentes fiables, planificar nuestras rutinas de trabajo, ocio y familia de manera ordenada y cumplirlas, mantener la mente despejada (podemos ayudarnos de técnicas de relajación), analizar nuestros impulsos emocionales mediante el autoconomiento, ser positivo y utilizar el sentido del humor como recurso y practicar frecuentemente la técnica de liberación de pensamientos. Y también podemos hacer planes para cuando esta situación cese y volvamos a la normalidad, si no lo hacemos, quizás nos arrepintamos de no haber “aprovechado el encierro”.